lunes, 13 de febrero de 2017




Ella le amaba locamente, pero de un modo delirante. 

No había muestras externas de cariño ni remilgos, sólo conversaciones  profundas y una indestructible amistad que ninguno de nosotros conseguiría penetrar. 

Algo curiosamente frío y antipático que entre ellos era de hecho una forma de humor a través de la que se comunicaban mutuamente sutiles vibraciones.

Imposible descifrarles. Tenían su propio lenguaje y con la mirada se lo decían todo.